El año pasado, científicos de reconocimiento mundial, presentaron un informe para responder las siguientes interrogantes: ¿Cuál sería el impacto si alcanzamos un calentamiento global de 1.5°C por encima de los niveles preindustriales? y ¿Qué podrían hacer las naciones del mundo para evitar que la temperatura global suba a 1.5 °C o para la reducir las emisiones de carbono?

Al sobrepasar un calentamiento de más de 1.5°C estaría en juego la prosperidad de la biodiversidad marina, la pesca, los ecosistemas y millones de personas expuestas a sequías extremas.

Para estabilizar el cambio climático a -1.5 C° es necesario alcanzar cero emisiones de carbono para el año 2050. ¿Cómo podemos llegar allí? 

  • Generando de energía descarbonizante
  • Estableciendo electromovilidad, para aprovechar la electricidad limpia (y la electrificación de procesos industriales)
  • Mejorando de los sistemas de transporte público.
  • Deteniendo la deforestación y comenzando a reforestar
  • Reduciendo el desperdicio y aumentando la eficiencia en los sectores de energía y alimentos. 

Un mundo con cero emisiones de carbono está lleno de oportunidades económicas. La electricidad renovable se está convirtiendo progresivamente en la opción más barata para los inversores.

Los sistemas eficientes de transporte público mejorarán la vida de los ciudadanos comunes y reducirán el costo del tiempo perdido en el tráfico y la contaminación local.

¿Cómo llegamos allí? ¿Qué pueden hacer los gobiernos hoy? Generando un plan que comience definiendo la imagen de dónde quiere estar el país en el 2050, esto se traduciría a:  Una economía próspera sin emisiones de carbono, con gestión eficiente de residuos, ecosistemas integrados, suministro de electricidad renovable y sistemas de movilidad eficientes.

A partir de ahí, el Plan puede ayudar a los gobiernos a determinar objetivos a medio plazo para encaminar a su país hacia la descarbonización. En Costa Rica, por ejemplo, el plan establece la meta de alcanzar el 85% de los autobuses eléctricos para 2050. 

Chile ha presentado un plan para cerrar las centrales eléctricas de carbón para reducir las emisiones de carbono , de gases de efecto invernadero y alentar el uso de energías renovables. Se ha establecido un plazo de cinco años para cerrar ocho plantas de energía, que representan el 19% del carbón. 

Actualmente, la red eléctrica nacional de Chile tiene 28 centrales eléctricas de carbón, con un promedio de operaciones de 18 años y que emiten el 26% de todos los gases de efecto invernadero y contribuyen con casi el 40% de la generación de energía del país. La energía renovable aumentó su participación en la capacidad instalada nacional del 32.8% en 2013 al 45.5% en 2018. La generación de energía solar aumentó 750 veces entre 2013 y 2018, mientras que la energía eólica se multiplicó por siete (Según COP25). 

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