Actualmente el sector metalúrgico se ha visto fuertemente influenciado por las interferencias políticas y las perturbaciones geopolíticas, que han otorgado escaladas en los precios y volatilidad. Las recientes medidas proteccionistas adoptadas por Estados Unidos (derechos de aduana sobre las importaciones de acero y aluminio) y por la Unión Europea (tarifas anti-dumping para el acero y el hierro) hasta ahora, sólo han producido un débil impacto sobre los productores de metales chinos, ya que estos han reorientado su producción desde estos mercados hacia el mercado doméstico. 

Los aranceles chinos, en represalia por las medidas americanas – para los tubos de acero, los aviones y los automóviles – no deberían tener un impacto importante sobre la industria automotriz. Hasta los momentos, el crecimiento económico no se ha visto afectado, ya que menos del 1% del PIB americano y chino se ven comprometidos pero, sin duda alguna, una guerra comercial tendría consecuencias para el riesgo de crédito de las empresas. Coface estima que este contexto de creciente proteccionismo podría tener un impacto negativo sobre la confianza de las empresas y la voluntad de inversión.

Todos los indicadores sugieren que la economía mundial ya ha alcanzado su pico de crecimiento y, en teoría, esto debería ejercer una presión a la baja sobre los precios este año. En el corto plazo, la escalada de tensiones ciertamente continuará empujando los precios al alza. Esto beneficiará a los principales metales básicos, impulsados por el aumento de la demanda de baterías y componentes electrónicos. 

Por el contrario, es probable que el precio del acero caiga un 19% en el mismo período. Se prevé un incremento de la sobrecapacidad, ya que los fabricantes siderúrgicos chinos carecen de la disciplina para reducir su producción durante los períodos de debilitamiento de los precios. Este escenario de referencia que prevé la caída de los precios de los metales ferrosos es corroborado por el elevado endeudamiento de las empresas en general. Los ratios de endeudamiento neto son particularmente elevados en China, donde el sector está dominado por grandes empresas públicas, así como en los Estados Unidos (15%), donde las empresas están mucho más expuestas a correcciones potenciales de los flujos de tesorería.


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